Las Cosas Buenas Llegan a los que Esperan

Las Cosas Buenas Llegan a los que Esperan

Cuando acabábamos de finalizar la universidad, algunos de mis amigos se mudaron al sur de California, principalmente para surfear, ya que allí las olas son considerablemente mejores. Un verano viajé a visitarlos y pude surfear en la Playa Negra, al norte de San Diego.

Tengo este gran recuerdo de mi amigo Dan. Cuando llegamos a la playa, él remó hasta el exterior de la rompiente. Y recuerdo haber pensado: Dan, ¡nunca podrás conseguir una ola ahí afuera! Efectivamente, él sentó y se sentó. Pero entonces, de la nada, este gran conjunto de olas llegó desde el sur y miré a Dan deslizándose a través de esta hermosa gran ola.

En ese momento, seguí a Dan hasta afuera. Y luego me senté y me senté…Después de un rato, pensé, ya basta de esto, y remé hacia adentro con la multitud. Menos de cinco minutos después, una vez más Dan despega sobre una hermosa ola azul. Y entonces remé de regreso. Y me senté y me senté y me senté antes de regresar remando. Esta misma escena se repitió toda la mañana. Dan consiguiendo las mejores y más grandes olas mientras nosotros conseguíamos los restos. 

Más tarde le pregunté a Dan, ¿Cómo sabes dónde sentarte? ¿Cómo sabes cuándo vienen esas grandes olas? Eres como el místico del surf. Dan sonrió y dijo: “¡Las cosas buenas les llegan a los que esperan!”

Pero esperar es difícil, ¿no es así? Y esperar por las olas es una cosa…Otra cosa es esperar por algo más serio, como esperar un diagnóstico, o esperar a que un adolescente regrese a casa en medio de la noche, o que se filtre la noticia de despidos en el trabajo…

Esperar es difícil. Especialmente en nuestra acelerada sociedad tecnológica. Vivimos en esta época en la que tenemos al mundo a nuestro alcance…Y nuestras expectativas de tener las cosas donde queremos y cuando queremos han crecido exponencialmente…Y cada vez más, cuando no lo conseguimos, cuando nuestras expectativas no son cumplidas, nos frustramos. Nos enojamos. Nos volvemos impacientes. Nos volvemos impacientes con nuestros hijos, impacientes unos con otros e impacientes con nosotros mismos. E incluso con pequeñas cosas, ¿qué pasa con nuestro nivel de estrés? ¿Qué sucede con nuestra sensación de estar en paz con el mundo que nos rodea?

Ayer hablé de paciencia. Hoy, oro por paciencia. Que Dios nos conceda una sensación de paz en nuestra espera.

Oremos: Dios de Gracia, mientras esperamos, ayúdanos a confiar en que algo más profundo está obrando en nosotros. Ayúdanos a buscar las oportunidades que se presentan para conectar, dar y recibir que abundan en la espera. Fortalece nuestros corazones y concédenos paz. Amén.

¡Por favor siéntanse libres en compartir este mensaje con familiares y amigos!

Daily Message Author: Joe Albright

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